Las cosas tienen precio, el hombre dignidad. Las cosas, esencias cerradas que nada saben de sí mismas, están ahí a la mano; es el hombre quien les confiere presencia y sentido. ¿para qué quieres tus joyas si no tienes quien las vea? La persona, esencia, abierta a sí misma y al Donante, autoconciencia, auto posesión, es suya, y se dona libremente. Cada niño que nace es nuevo, original, irrepetible, irremplazable, único en toda la creación. La humanidad entera no puede sustituir a un solo hombre. “El rostro humano, rostro llamado, reflejo de Dios, se presenta con dignidad infinita, ante todo como prohibición, “soy sagrado”, no me profanes”
Mes: junio 2017
La muerte
Dos opciones ante la muerte:
a) la experiencia tiene la última palabra: este viviente concreto se ha deshecho en la materia informe. No es que la muerte sea un misterio, sino el acabamiento del misterio del hombre, que muere ante nadie. Fue, ya no es, como si no hubiera sido.
b) La última palabra la tiene el amor: el que ama quiere vivir siempre, y quiere que el amado sea. El amor afirma en la diferencia, un sí incondicional, que no niega nunca, su lugar es la eternidad. ¿No desea la madre que su hijo sea siempre? Quién admite que alguien muera para siempre, no ha amado nunca de verdad. Dios es el único capaz de amarnos siempre
Las parabolas
Distancia entre realidad y parábola: toda poesía, todo arte de calidad, nos transporta a un mundo donde las cosas no suceden como en éste, en que lo que cuenta es la proporción entre trabajo y remuneración. Otro mundo es posible. Lo “inefable” manifiesta que la parábola se nos escapa como algo indisponible, inmanipulable, por encima de lo útil. En el círculo supremo hay un último misterio y la luz del entendimiento se apaga tristemente. Dos mundos: uno donde todo es habitual, reflejo de nosotros mismos; otro que sólo el arte nos descubre, un mundo distinto y más esencial, que hace percibir a Dios como lenguaje de amor, el reino del Padre que no es tiránico ni arbitrario.
La Redención
La redención no se hace por el dolor ni por la muerte, si no por el amor y la Resurrección. Lo que libera es el amor, nada más.