Dos opciones ante la muerte:
a) la experiencia tiene la última palabra: este viviente concreto se ha deshecho en la materia informe. No es que la muerte sea un misterio, sino el acabamiento del misterio del hombre, que muere ante nadie. Fue, ya no es, como si no hubiera sido.
b) La última palabra la tiene el amor: el que ama quiere vivir siempre, y quiere que el amado sea. El amor afirma en la diferencia, un sí incondicional, que no niega nunca, su lugar es la eternidad. ¿No desea la madre que su hijo sea siempre? Quién admite que alguien muera para siempre, no ha amado nunca de verdad. Dios es el único capaz de amarnos siempre