Las tentaciones de Jesucristo

Pan, milagros y poder…

  • Dales pan, así te seguirán todos, porque el pan es lo único que no se discute.
  • Sí, me seguirían todos, pero temblando de miedo a que les retirara mi mano y se quedaran sin su pan. No quiero que me sigan por mi pan, sino por mí. ¿Qué libertad es esa que se compra con pan? El pan tendrán que ganárselo ellos para ser libres.
  • Muéstrate con claridad, haz un milagro espectacular, y todos creerán en ti.
  • Sí, todos se postrarían ante mí por la evidencia, pero no serían libres, no les ganaría el corazón. No quiero ser un Dios del temor, sino su Dios Hermano.
  • Baja de la cruz, y creerán en ti
  • ¿Creerían en mí si bajara? No. Tendrían miedo.
  • Coge la espada y hazte César. ¿No hablas de un solo rebaño y un solo pastor? Así librarías la historia de tanto sufrimiento.
  • La historia tendrán que hacerla ellos. Yo he venido a enseñarles a ser hombres.

¿también Dios sufre?

Dos tradiciones distintas: para los griegos la Divinidad no ama, sería una imperfección. Las Ideas de Platón, perfectas, inmutables, luminosas, no aman. Les trae sin cuidado si nosotros las contemplamos o no. Lo mismo que al Partenón. El Dios de Aristóteles, “eterno viviente perfecto”, el ensimismado, vive de espaldas al mundo, no sabe nada de nosotros – no es creador- pero deja tras de sí el espectáculo del mundo, “orden con belleza”. De ahí el Dios impasible. Esta idea se ha perpetuado en el Cristianismo hasta nosotros.

El Dios bíblico es un Dios apasionado. Afirmación fundamental: “Dios es amor”. Y el que ama sufre. Es el drama de la libertad. ¿Qué harías si tu hijo no te quiere? Nada. Sufrir y esperar. Dios no asistió como simple espectador a la pasión de su Hijo. Un Dios impasible ante tantos sufrimientos humanos no nos va. Dios no es el que no puede padecer, sino el que puede sufrir infinitamente a causa de su amor. ¿Acaso Dios no es una fuente que mana sin cesar?

El sufrimiento

Dos fuentes del sufrimiento: el cuerpo y el espíritu. El cuerpo- lugar de maleficios- es fuente de dolor (enfermedad, vejez, muerte); también lo es de placer y alegría. El espíritu: se atormenta por la falta de compresión. Ante la experiencia del absurdo nos preguntamos si nuestro origen nos ha vomitado a la existencia como un beodo, ciego destino con orejas de asno. ¿o somos hijos de la luz?

También el amor llama al dolor. El que ama sufre. “Del corazón gotea la pena”. En este mundo la última palabra la tiene el dolor, porque al final la muerte nos separa. Pero vale más sufrir por amor que la indiferencia. El dolor queda albergado en el amor, único llamado a ser eterno.