¿también Dios sufre?

Dos tradiciones distintas: para los griegos la Divinidad no ama, sería una imperfección. Las Ideas de Platón, perfectas, inmutables, luminosas, no aman. Les trae sin cuidado si nosotros las contemplamos o no. Lo mismo que al Partenón. El Dios de Aristóteles, “eterno viviente perfecto”, el ensimismado, vive de espaldas al mundo, no sabe nada de nosotros – no es creador- pero deja tras de sí el espectáculo del mundo, “orden con belleza”. De ahí el Dios impasible. Esta idea se ha perpetuado en el Cristianismo hasta nosotros.

El Dios bíblico es un Dios apasionado. Afirmación fundamental: “Dios es amor”. Y el que ama sufre. Es el drama de la libertad. ¿Qué harías si tu hijo no te quiere? Nada. Sufrir y esperar. Dios no asistió como simple espectador a la pasión de su Hijo. Un Dios impasible ante tantos sufrimientos humanos no nos va. Dios no es el que no puede padecer, sino el que puede sufrir infinitamente a causa de su amor. ¿Acaso Dios no es una fuente que mana sin cesar?

Deja un comentario