Las cosas tienen precio, el hombre dignidad. Las cosas, esencias cerradas que nada saben de sí mismas, están ahí a la mano; es el hombre quien les confiere presencia y sentido. ¿para qué quieres tus joyas si no tienes quien las vea? La persona, esencia, abierta a sí misma y al Donante, autoconciencia, auto posesión, es suya, y se dona libremente. Cada niño que nace es nuevo, original, irrepetible, irremplazable, único en toda la creación. La humanidad entera no puede sustituir a un solo hombre. “El rostro humano, rostro llamado, reflejo de Dios, se presenta con dignidad infinita, ante todo como prohibición, “soy sagrado”, no me profanes”