Lo dijo muy bien el profeta Isaías que pone en boca de Dios: “Este pueblo me alaba con la boca, pero tu corazón está lejos de mí” (29,13).
La religión cultual se expresa en el rito, “lo hecho” y el rito es “ex opere operato”, independiente del sujeto, es externo, y resbalamos cómodamente hacia él porque es fácil.
Lo difícil es la lavar el corazón de nuestros odios, fobias, rencores, resentimientos, sed de venganza, avaricia, comodidad, egoísmo. ¿Salimos de misa con el corazón igual que entramos? “Si en tu corazón guardas un arma mortal, cómo vas a recibir a Dios” (Kabir).
Penosa es la degradación desde la calidad del Evangelio a la cantidad del rito repetitivo. Ya Horacio hablaba del “fatigare deos”.
La parábola del juicio final (Mt 25) no hace referencia a los actos de culto, como si fuese una parábola atea: “porque tuve hambre, estuve desnudo, enfermo, en la cárcel”.
Jesús se dirige al centro del hombre: “¿cómo está tu corazón?”