Las grandes religiones II

 

La Bhakti (amor que adora a Dios)

El Brahman de Sankara nos quita el corazón. Como un Taj Mahal (permanece indiferente a sus adoradores; más aún, ya no quedan adoradores. A él no podemos clamar “desde lo hondo a Ti grito, Señor”.

El absoluto del Advaita Vedante nos deja sin devoción. Si Brahman es verdad y el mundo es mentira, entonces la adoración carece de sentido. Pero la vida no quiere morir. Los adversarios señalaron el peligro y lo combatieron con todas sus fuerzas en nombre de Bhakti, que atraviesa el alma de la India desde el Rig-Veda hasta nosotros. Su oración es la del corazón humano:

“Llévame de lo irreal a lo real,

Llévame de la oscuridad a la luz,

Llévame de lo mortal a lo inmortal”

(Bṛihadāraṇyaka-Upaniṣad)

 

“En lo finito no hay gozo”

(Chāndogya Upaniṣad)

 

“Día tras día, Señor de mi vida,

¿te podré yo mirar frente a frente?

Juntas las manos ¿te miraré frente a frente,

Señor de todos los mundos?

Bajo tu cielo inmenso, en silencio y soledad,

Con humilde corazón ¿te miraré frente a frente?

Cuando mi obra haya sido concluida en este mundo,

Rey de reyes, solo ya y en silencio, ¿te miraré frente a frente?

(Tagore)

“Que solo quede de mí, Señor, aquel cachito con que pueda llamarte mi todo.

Que sólo quede de mi voluntad aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes, volver a ti en cada cosa,

Ofrecerte mi amor en cada instante”

(Tagore)

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