La Bhakti (amor que adora a Dios)
El Brahman de Sankara nos quita el corazón. Como un Taj Mahal (permanece indiferente a sus adoradores; más aún, ya no quedan adoradores. A él no podemos clamar “desde lo hondo a Ti grito, Señor”.
El absoluto del Advaita Vedante nos deja sin devoción. Si Brahman es verdad y el mundo es mentira, entonces la adoración carece de sentido. Pero la vida no quiere morir. Los adversarios señalaron el peligro y lo combatieron con todas sus fuerzas en nombre de Bhakti, que atraviesa el alma de la India desde el Rig-Veda hasta nosotros. Su oración es la del corazón humano:
“Llévame de lo irreal a lo real,
Llévame de la oscuridad a la luz,
Llévame de lo mortal a lo inmortal”
(Bṛihadāraṇyaka-Upaniṣad)
“En lo finito no hay gozo”
(Chāndogya Upaniṣad)
“Día tras día, Señor de mi vida,
¿te podré yo mirar frente a frente?
Juntas las manos ¿te miraré frente a frente,
Señor de todos los mundos?
Bajo tu cielo inmenso, en silencio y soledad,
Con humilde corazón ¿te miraré frente a frente?
Cuando mi obra haya sido concluida en este mundo,
Rey de reyes, solo ya y en silencio, ¿te miraré frente a frente?
(Tagore)
“Que solo quede de mí, Señor, aquel cachito con que pueda llamarte mi todo.
Que sólo quede de mi voluntad aquel poquito con que pueda sentirte en todas partes, volver a ti en cada cosa,
Ofrecerte mi amor en cada instante”
(Tagore)